No es que no sepas: es que nunca te has dado la oportunidad de aprender
Después de muchos años trabajando cara al público en una tienda de telefonía, hay una frase que escucho prácticamente todos los días.
“Yo no sé.”
Y justo después llegan otras muy parecidas:
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“Yo con la tecnología no me entiendo.”
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“Hazlo tú, que yo no sé.”
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“Eso es muy complicado para mí.”
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“Llama tú a atención al cliente.”
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“Actívame los datos, que no sé dónde están.”
Lo curioso es que, en la mayoría de los casos, no estamos hablando de reparar un teléfono, programar una aplicación o configurar una red compleja. Hablamos de tareas muy sencillas que cualquier persona puede aprender en apenas unos minutos.
La tecnología no es el problema
No todo el mundo tiene por qué saber de teléfonos móviles, igual que no todos sabemos de mecánica, electricidad o informática. Eso es completamente normal.
El verdadero problema aparece cuando alguien decide que nunca va a intentarlo.
Hay una enorme diferencia entre decir:
“No sé hacerlo.”
Y decir:
“No quiero aprender a hacerlo.”
La primera frase abre la puerta a aprender. La segunda la cierra por completo.
El miedo nos hace dependientes
Muchas personas sienten miedo a tocar cualquier ajuste del móvil por si “rompen algo”. Ese miedo hace que dependan de familiares, amigos o de la tienda para cualquier pequeño cambio.
Y es una pena.
Porque acciones como:
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Activar los datos móviles.
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Conectarse a una red Wi-Fi.
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Reiniciar un teléfono.
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Llamar al servicio de atención al cliente.
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Consultar una factura.
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Actualizar una aplicación.
Son pequeñas habilidades que pueden ahorrar mucho tiempo y evitar desplazamientos innecesarios.
En la tienda estamos para ayudar… pero también para enseñar
Como profesionales, nuestro trabajo no consiste únicamente en solucionar problemas.
También intentamos explicar cómo hacerlo para que la próxima vez el cliente pueda resolverlo por sí mismo.
Cuando enseñamos a alguien a realizar una tarea sencilla y esa persona pierde el miedo, vemos cómo gana confianza casi de inmediato.
Y esa satisfacción también forma parte de nuestro trabajo.
Nunca es tarde para aprender
La edad no determina la capacidad para aprender tecnología.
He visto personas mayores de 80 años aprender a hacer videollamadas, enviar fotografías por WhatsApp, consultar su banco desde el móvil o utilizar aplicaciones que nunca habían imaginado.
También he visto personas mucho más jóvenes bloquearse simplemente porque daban por hecho que “eso no era para ellas”.
La diferencia nunca ha estado en la edad.
Ha estado en la actitud.
Un pequeño esfuerzo hoy evita muchos problemas mañana
Aprender una función nueva del móvil puede llevar cinco minutos.
Pero ese aprendizaje puede servir durante años.
La próxima vez que alguien te explique cómo hacer una tarea sencilla en tu teléfono, no tengas prisa por entregar el móvil diciendo: “Hazlo tú”.
Pide que te lo enseñen.
Pregunta.
Toma nota si hace falta.
Equivócate.
Y vuelve a intentarlo.
Porque la tecnología seguirá avanzando, pero cuanto más aprendas hoy, menos dependerás de los demás mañana.
Desde mi experiencia atendiendo a cientos de clientes, puedo asegurar una cosa: las personas que deciden aprender, aunque sea poco a poco, terminan disfrutando mucho más de sus dispositivos y ganan una independencia que no tiene precio.
No hace falta ser un experto.
Solo hace falta tener ganas de intentarlo.
Lo que realmente me decepciona
Hay algo que, con el paso de los años, me ha ido desgastando más que cualquier avería complicada o cualquier reparación difícil. No es que un cliente no sepa hacer algo. Nadie nace sabiendo.
Lo que me entristece es escuchar una y otra vez frases como:
“Yo no sé.”
“Yo con la tecnología no me entiendo.”
“Hazlo tú.”
“Eso es muy complicado para mí.”
“Llama tú a atención al cliente.”
“Actívame los datos.”
Y lo que más me llama la atención es que casi nunca van acompañadas de una pregunta tan sencilla como:
“¿Me enseñas cómo se hace?”
O:
“¿Puedes explicármelo para hacerlo yo la próxima vez?”
Ahí es donde siento cierta decepción.
Porque no espero que todo el mundo sepa utilizar un teléfono móvil a la perfección. Mi trabajo precisamente consiste en ayudar. Lo que me gustaría ver es un poco más de curiosidad y un poco menos de resignación.
La tecnología ya forma parte de nuestra vida diaria. La utilizamos para pedir citas médicas, hablar con nuestros hijos, consultar el banco, hacer gestiones con la administración o simplemente comunicarnos con otras personas.
Aprender una función nueva no solo hace que dependas menos de una tienda o de un familiar. También te da seguridad, autonomía y confianza.
Siempre estaré encantada de ayudar a cualquier persona.
Pero me hace mucha más ilusión cuando alguien me dice:
“No sé hacerlo… ¿me enseñas?”
Porque en ese momento sé que no solo estoy solucionando un problema puntual.
Estoy ayudando a que esa persona no vuelva a necesitar ayuda para lo mismo.